Si me hubieran dicho hace tiempo que mi amor sería un futbolista, quizás me habría imaginado algo muy diferente. Pero luego llegaste tú, y me di cuenta de que el amor verdadero no se encuentra en lo que esperamos, sino en lo que realmente vivimos. Tú, que tienes el corazón en el campo y en tu pasión por el fútbol, me enseñaste que el amor no se juega solo en los partidos, sino también en los momentos más pequeños, en las conversaciones de madrugada, en las sonrisas que te saco cuando el mundo parece un lugar difícil. Me enamoré de ti en esos momentos en que compartíamos historias después de tus entrenamientos, en los que me contabas cómo el fútbol era más que un juego para ti, era tu vida, tu motivación. Y aunque no entendiera todos los detalles de cada partido o cada jugada, me enamoré de la forma en que te brillan los ojos cuando hablas de ello, como si el fútbol no fuera solo un deporte, sino una parte de tu alma. Y aunque mis obsesiones con Taylor Swift y One Direction a veces no se relacionen con tu mundo, nunca te has cansado de escucharme hablar de ellos, como si cada palabra mía también fuera parte de ti. Pero lo que realmente me enamoró de ti fue tu capacidad de sacarme una sonrisa cuando solo quería llorar. Cuando todo parecía un desafío, tú, sin necesidad de muchas palabras, me recordaste que, como en el fútbol, no todo es ganar o perder, sino disfrutar del camino, del esfuerzo y, sobre todo, de los que tenemos a nuestro lado. Eres mi compañero de vida, mi compañero de equipo, y aunque en el campo te enfrentas a mil adversarios, sé que en mi vida siempre serás mi aliado. Cuando piensas que nada puede ser más importante que un partido, yo sé que todo lo que haces tiene un propósito, y ese propósito me incluye a mí, en cada pase, en cada victoria, en cada derrota. Porque, al final, el fútbol puede ser un deporte, pero el amor es el juego que nunca se acaba. Si nuestra historia fuera una canción, sería esa que se escucha una y otra vez en el estadio, llena de emoción y pasión, pero con un toque único, porque somos nosotros. Si fuera un libro, sería ese que nunca quiero dejar de leer, porque cada página, aunque esté llena de altibajos, siempre tiene un final feliz. Siempre elegí este camino, contigo, porque entre todas las jugadas de la vida, me di cuenta de que lo más hermoso es tenerte a mi lado, de saber que cada momento, como un partido, es mejor si lo vivimos juntos. Porque, al igual que en el fútbol, siempre luchamos por lo que más queremos, y lo que más quiero, siempre serás tú.