Si me hubieran dicho que el amor de mi vida llegaría disfrazado de mi mejor amigo, tal vez me habría reído. Pero ahora entiendo que el amor verdadero no siempre entra con un gran estruendo, a veces se cuela en los pequeños momentos, en las conversaciones que nunca terminan, en las risas compartidas, en la certeza de que sin esa persona, todo se sentiría un poco más vacío. Me enamoré de ti sin prisa, sin planearlo, sin darme cuenta siquiera. Fue cuando supe que siempre encontraría en ti un motivo para sonreír, incluso en mis días más oscuros. Cuando entendí que, aunque el mundo se sintiera demasiado grande y abrumador, tú serías ese rincón seguro al que siempre podría volver. Tienes una manera única de hacerme sentir especial. No con grandes discursos o promesas vacías, sino con lo simple, lo real. En la forma en que recuerdas cada pequeño detalle sobre mí, en cómo tarareas una canción de Taylor Swift solo para hacerme reír, en la paciencia infinita con la que escuchas mis obsesiones con One Direction como si fuera la primera vez que te hablo de ellas. En cómo puedes cambiar mis lágrimas por risas sin esfuerzo, como si fueras magia en su estado más puro. Eres mi hogar, aunque estemos lejos. Porque el hogar no es un lugar, es una persona. Y en ti, encontré el mío. Si nuestra historia fuera una canción, sería esa que nunca pasa de moda, la que sigue sonando en mi cabeza incluso cuando no la escucho. Y si fuera un libro, sería de esos que nunca quieres que terminen, de los que te hacen releer cada página solo para revivir la emoción de la primera vez. No sé qué nos depara el futuro, pero sí sé algo: mientras estés en mi historia, seguiré eligiéndote, una y otra vez. Porque en un mundo lleno de incertidumbres, tú eres mi certeza más hermosa.

𝘚𝘪𝘦𝘮𝘱𝘳𝘦 𝘵𝘶 ꨄ︎